Caoba, sabores para los 5 sentidos

img_14141 Cocina  para los  cinco sentidos  y con firma de autor, un servicio de alta escuela y un diseño pensado para crear diferentes momentos en un mismo espacio definen Caoba. Un restaurante en el que desde el momento que cruzas su puerta y te adentras bien hacia su salón o su terraza las experiencias no dejan de sucederse.

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¡Bravo! Es el calificativo que se merece tanto su chef Vincenzo Marconi como los hermanos Mammoli, propietarios de Caoba, quienes recabando entre sus orígenes italo-venezolanos han  sabido trasladar a este espacio diseño, trato personalizado y sobre todo una materia prima exquisita en la que no faltan los toques de creatividad y origen.

Recibidos  por su maitre, en el camino a nuestra mesa, además de su bonita decoración y mural del fondo, captó mi atención la mesa de quesos situada junto a sus escaleras. Las  referencias no faltan, en torno a unas 15 o 20 variedades distintas las cuales  se acompañan  de mermeladas de diferentes frutas. Efetivamente, un must del lugar.

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Ya sentados, comenzamos nuestra cena con un aperitivo en el protagonista fue el Champagne Pascal Doquet Blanc de Blancs. Un brut 100% chardonnay , con toques cítricos y muy fresco,  cuya burbuja pequeña y abundante preparó hábilmente nuestro paladar para continuar con una esponjosa tapa de foccacia homemade coronada con una fina locha de jamón, el cual parece deshacerse como mantequilla al primer bocado. Le siguió una mini brocheta de pulpo y salmón marinado y unas poco frecuentes en las cartas de los restaurantes, ortiguillas de mar rebozadas acompañadas de mango y pétalos, cuyo sabor es nunca mejor dicho, puro mar. Un plato especialmente recomendable para aquellas que os  gusta atreveos con los sabores menos comunes y marinos. Mención especial para sus panes, todos casero y a los que si como yo eres una fan-lover del pan no podrás resistirte. De tomate, aceitunas verdes, sésamo, blanco, con semillas de amapola, grisines…, una amplia variedad de la que no puedes dejarte uno sin probar.

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Como os decía al inicio, en Caoba todo es experiencia tras experiencia, por ello, finalizado el aperitivo el maitre, que junto con todo el equipo de la sala se encargan de que a ninguna mesa falte detalle, nos aconsejó acerca del vino que nos acompañaría el resto de la cena.  Puesto que yo soy una enamorada de los espumosos, el acierto  fue  total, ya que el elegido fue un prosecco - extra dry de la casa italiana Le Bertolé, en el que estaban presentes las notas florales así como a pera y manzana.  Un compañero que maridaba perfectamente con cada uno de los manjares que nos estaban esperando.

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En primer lugar, tartar de ternera blanca y calabacín, con huevo de pollita y bavarese de coco, del cual la calidad de la materia prima usada es lo primero que salta a la vista. Un bocado delicado, en el que el huevo y el coco le aportan una mayor suavidad al plato. De hecho, ahora que los steak tartar están tan de moda, tengo que de los muchos  que he probado, el de Caoba, ha sido de los que más me ha sorprendido por saber combinar los elementos más clásicos que debe llevar todo tartar, con los más originales y  exóticos.

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A continuación, las raíces italianas de Caoba nos hicieron la boca agua con unos ricos tallarines al pesto con crujiente de calamar. Pasta cocinada al dente con una equilibrada salsa donde pueden notarse los trocitos de piñón, queso y albahaca. El turno del pescado, fue insuperable. Nada más y nada menos que raya con juliana de verduritas al wok y espuma de grosella  sobre salsa de enebro y tinta de sepia acompañada de un chupito de granizado de gin-tonic que aporta un punto de creatividad y frescura al plato exquisito. Una raya y unas verduras al punto, entre las que se dejaba entrever una lámina de foie que proporciona gran cremosidad a cada uno de los bocados. Como colofón final el chupito de granizado,  en el que el alcohol prácticamente no se percibe dejando el paladar limpio para recibir al postre.

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La verdad, es que si hubiese tenido que elegir que comer en Caoba las dudas  sobre que elegir hubiesen sido muchas ya que todo en la carta es espectacular, por lo que la elección de uno  de sus menús - degustación, exclusive o gran menú- es buena opción. Nosotros ya estábamos esperando el postre y como el gran maestro que es, Vincenzo nos sorprendió con un Tequila Sunrise en el que cuando sumerges la cucharilla te encuentras que estás ante un refrescante granizado de frutas de lo más ligero y apetecible.

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Para  realmente acabar, tienes que reservarte un hueco para los quesos así como un  café o té acompañado de su surtido de postres, en los que no falta el chocolate, al que el nombre del restaurante hace referencia. Sin duda,  una sensacional cena o comida en la que todo son sorpresas para los 5 sentidos.

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Si la carta es de 10, el propio restaurante también lo es. Su servicio es atento y preparado, su decoración es moderna  y cosmopolita a la vez que cálida, y su terraza  con su oferta raw bar perfecta para cualquier after-work. Tengo que confesar que fui una gran afortunada ya que tuve la suerte de disfrutar de esta maravillosa  velada en una de sus “romantic rooms” una coqueta y sofisticada habitación decorada con paredes aterciopeladas, cuyo interior  esconde una mesa con dos sillones que crean una atmósfera totalmente privada.

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Mi consejo, que llames, reserves y te acerques, porque será uno de los restaurantes que te dejarán huella.

¿Dónde? Paseo Pintor Rosales, 76. Madrid

Teléfono: 91 550 31 06. Cerrado domingos y lunes y sábados a mediodía

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Autor: inma
Fecha: 23 Julio, 2012

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