Azul casi verde

sin-titulo47En el extremo más occidental de Cantabria, casi limitando con las que ya serían poblaciones asturianas, nos encontramos Val de San Vicente, un municipio compuesto por un total de catorce localidades en las que los tonos azules y verdes colorean cada uno de sus paisajes.

No importa que la estación sea verano, inverno, otoño o primavera, pues hablar de Val de San Vicente es sinónimo de naturaleza, paisajes de mar, praderías, bosques y ríos, ya que dos de sus más espectaculares rincones son los conformados por las desembocaduras de los ríos Deva y Nansa, en las rías de Tina Mayor y Tina Menor, respectivamente. Estos dos ricos ecosistemas marinos de marismas son famosos en el lugar por su prehistórico origen, que nada más y nada menos, que de la era del Cuaternario. Por su parte, Tina Mayor constituye la desembocadura del río Deva, al tiempo que es frontera natural entre las costas de Cantabria y Asturias. Algo similar ocurre con Tina Menor, un estuario por donde el río Nansa alcanza el mar Cantábrico, al tiempo que atraviesa las sierras llanas de Pechón y Prellezo. No obstante, si algo hay que destacar de estas rías es el intenso color turquesa de sus aguas, quienes oscilan al ritmo de un suave vaivén.

 Recorriendo la totalidad de la franja costera, no paran de sucederse acantilados en los que se esconden las más bellas playas y calas, como las de Pechón o las de Prellezo. Un acceso más complicado tienen las que se ubican en torno a las rocas de Tina Menor, aunque la espectacularidad del paraje merece el esfuerzo para llegar a ellas.

Dejando el litoral y desplazándonos hacia el sur, el Val se tiñe de verde en toda su gama cromática debido a la cantidad de prados y bosques que lo inundan. Relieves suaves y ondulados, dan forma a unos pueblos pequeños de montaña baja, como Serdio, Luey o Estrada, en los que las praderías, pequeños latifundios propios de la economía ganadera familiar, continúan siendo los principales medios de vida.

De cualquier manera, no todo en Val de San Vicente es frondosidad o parajes marineros. Un paseo por la zona, pone rápidamente de manifiesto el rico patrimonio cultural e histórico con que sus municipios cuentan. En Muñorrodero, se halla  la cueva del Salín descubierta en 1985 y en la que se han encontrado varias manifestaciones pictóricas realizadas con pigmento rojo. En concreto, en dos de sus salas se han llegado a distinguir doce manos en negativo y otras dos manos en positivo. En otras cuevas, se han recogido utensilios de hueso correspondientes al Magdaleniense, así como hachas, raspadores…

En Prellezo, aún se conservan vestigios de un antiguo poblado cántabro, Castro de Castillo, que en 2004 fue declarado Bien de Interés Cultural. Una mención, que ya le había sido concedida en 1992 a la torre medieval de Estrada, una fortaleza de mampostería, recientemente restaurada, que pudo construirse entre los siglos VIII y IX y cuyo interior alberga la ermita de San Bartolomé.

Resumiendo, un total de 14 núcleos por los que perderse entre casonas de indianos, naturaleza y vestigios del pasado.

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Autor: inma
Fecha: 15 Septiembre, 2010

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