Montilla-Moriles, elixir en barrica y con Denominación de Origen

rutadelvino“La llana”, así es como los cordobeses llaman a su Córdoba querida. Lógico que la amen, pues la que fue heredera de vestigios romanos,  gran sultana de Al-Ándalus y judía guarda entre sus calles y gentes muchos tesoros además de una impresionante Mezquita.  Desplacémonos hasta su parte más meridional y hagamos la Ruta del Vino Montilla-Moriles, la cuna de ese elixir dorado pajizo y ocre único en el mundo: el fino y el Pedro Ximénez.

Recorriendo Aguilar de la Frontera, Córdoba, Fernán Núñez, La Rambla, Lucena, Montemayor,  Montilla, Moriles y Puente Genil, los ocho municipios que integran la Ruta, nos encontramos con unas localidades de fachadas blancas que como dice su lema “son mucho más que vino”. A pesar de que desde la introducción de los sarmientos de esta vid en la campiña sur cordobesa por el soldado  Perter Ximén a su regreso de Flandes, tanto la vida como el paisaje de la región quedaron bastante sujetos a la producción de estos caldos, sorprende como estas localidades  aún conservan  un importante legado cultural, histórico, arquitectónico, artístico y etnográfico.

Entre cerros,  olivares, viñedos y campos de cereal nos topamos con los lagares centenarios donde se pisaba la uva, en los que el viajero es recibido como un amigo más. En ellos se obtiene el mosto que fermentará en depósitos o tinajas y que después, una vez convertido en vino nuevo, pasará a las bodegas. A las puertas de las bodegas, el silencio te sobrecoge al tiempo que el resto de los sentidos se agudizan. Luz tenue, aroma a madera y vino o el tacto áspero de las botas donde con gran paciencia se crían algunos de los más excepcionales caldos, son algunas de las sensaciones que puedes experimentar en sus interiores. No te marches, sin antes visitar alguna de almazaras de aceite características de la zona. ¡Verdadero oro líquido!

bodegas-alvear

Joven, Fino, Amontillado, Oloroso y Pedro Ximénez son las cinco variedades principales con las que cuenta la Denominación de Origen Montilla-Moriles. Su cromatismo se extiende por toda la gama de amarillos pajizo y ocre, mientras que sus aromas destacan por ser frescos y frutales hasta dejar en nuestro paladar notas que recuerdan a la madera más noble. A lo largo de la cata, además de degustar los caldos, se explicarán los procesos de elaboración de estos vinos en los que interviene la crianza biológica (para el Fino) y la crianza oxidativa (para los Amontillados, Olorosos y Pedro Ximénez) siguiendo el sistema de criaderas y soleras.

Tras los vinos, pernocta en alguno de los municipios y déjate embriagar por su rica gastronomía, cultura popular y “salero” de sus gentes. En cualquiera de los que elijas encontrarás una cocina con seña de identidad propia en la que los productos de la tierra se fusionan con el legado e influencia de las culturas árabe, judía y cristiana. Estrellas donde las haya son el salmorejo, el flamenquín, la sopa de gato, las naranjas picás con bacalao, la roña de habichuelones, el potaje de castañas, las gachas de mosto, el arrope, las orejitas de abad, el dulce de membrillo, el pastel cordobés, los alfajores y los roscos de San Blas. Si prefieres sabores innovadores, atrévete con una reducción de Pedro Ximénez para aderezar postres, aperitivos o platos principales, helados de vino o la gelatina de Pedro Ximénez, complemento ideal  para paté, foie, quesos, carnes a la brasa o simplemente con unas tostadas.

Para no dejarte nada en el tintero, una de las mejores formas de introducirte en esta ruta  es través de la Red Vinarea, un conjunto de equipamientos turísticos de calidad, relacionados con el turismo del  vino y vinculados entre sí. Una tierra que marida cultura, historia, gastronomía y naturaleza para expresar  parte de su identidad en la Ruta del Vino Montilla-Moriles.

Share This Post

Información relacionada

Etiquetas: , , , , ,
Autor: inma
Fecha: 31 Marzo, 2010

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.