Al sur de Cantabria

valles del surSin colorantes ni conservantes: cien por cien natural y originaria, así es nuestra escapada de hoy a Cantabria. Una comunidad, que como bien recuerda su eslogan, es infinita. Entre lo mucho que tiene para ofrecer a lo largo de todo el año, los meses de febrero y marzo pueden ser los perfectos para visitarla por las interesantes alternativas que a continuación os cuento. ¿Quién pone la fecha? Que yo me apunto.

Ya sea por tierra o aire, nuestra parada la hacemos en la comarca de los Valles del Sur de Cantabria. Un conjunto de once municipios situados en torno a Campoo y Valderredible, caracterizados por la contradicción, pues pese a abarcar un vasto territorio, éste se encuentra escasamente poblado, a excepción de Reinosa y Polientes, las dos localidades más importantes de la zona. Este área, de mestizaje paisajístico, fruto de su situación a caballo entre la Meseta y la Cordillera Cantábrica, cuenta con cinco centros de visitantes que muestran los muchos y ricos recursos naturales  que posee  la región: el nacimiento del río Ebro en Fontibre; el embalse del Ebro en Corconte; el Monte Hijedo en Riopanero; el observatorio astronómico de Cantabria en Valderredible y el Centro de Visitantes de la Piedra Seca en la Puente del Valle.

En los tres primeros meses del año, todos estos centros de visitantes realizan diferentes actividades que tienen como objetivo dar a conocer toda la abundancia natural que esconde esta extensa zona. Para ello, se organizan talleres, exposiciones así como diversas jornadas y celebraciones, con los que se nos facilita la posibilidad acercarnos y entrar en contacto con algunos de los tesoros naturales menos conocidos de Cantabria. Unos centros, cuyas visitas son gratuitas de miércoles a domingo en horario de 10.00h a 17.00h. Además de montaña y naturaleza, la excursión puede completarse con unas notas culturales visitando los centros de interpretación que se encuentran en los Valles del Sur, en concreto, el de Arte Románico en Villacantid, el de Arte Rupestre en Santa María de Valverde,  la Domus Romana y las Termas de Camesa Rebolledo.  

Tras conocer la historia y orígenes de estos valles,  “las marzas” comienzan a repicar en nuestros oídos. Unos cantos de origen ancestral que se escuchan el último día de febrero y primero de marzo. Durante esos días las plazas y otros puntos de los pueblos sirven para que los grupos de marceros interpreten los tradicionales cantos con los que en la antigüedad se daba la bienvenida a la primavera. Inicialmente,  las marzas eran cantadas por los mozos que pedían a cambio comida o dinero para hacer una merienda. A fecha de hoy, esta tradición se ha perdido en gran parte de la región, aunque no la de cantar las marzas, que siguen congregando a grupos de cantantes vestidos a la antigua usanza para despedir al crudo invierno. Aunemos voces que llega la primavera.

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Autor: inma
Fecha: 17 Febrero, 2010

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